jueves, 26 de febrero de 2026

Luque. Segunda capital del Paraguay

Durante la guerra de la Triple Alianza: el 19 de febrero de 1868 la escuadra imperial brasileña forzó el paso de Humaitá, hecho que debilitó la defensa paraguaya y precipitó la evacuación de Asunción.

El 22 de febrero de 1868, el vicepresidente Francisco Sánchez declaró a Asunción “punto militar” y ordenó su evacuación total.


Ese mismo día, mediante orden del escribano de Gobierno y Hacienda, Vicente Valle, se designó al Partido de Luque como sede provisoria del Gobierno.


En cuestión de horas, la población asuncena inició un dramático éxodo. Las calles se transformaron en un interminable desfile de familias cargando atados rumbo al camino de la Recoleta, con destino final Luque.

Gobernantes, diplomáticos, comerciantes, extranjeros, humildes capitalinos y las gloriosas residentas partieron en tren, en caravanas de carretas, a caballo o a pie. En menos de 24 horas, Asunción quedó prácticamente desocupada.
 
Llegaron a Luque también figuras vinculadas al entorno del Mariscal Francisco Solano López, como su madre Juana Pabla Carrillo, sus hijas Inocencia y Rafaela, además de Madame Lynch y Panchita Garmendia. El propio López ordenó trasladar muebles, valores y el archivo nacional hacia Luque.

Espacios que hoy son emblemáticos, como las plazas Mariscal López y General Aquino, el patio de la Iglesia Virgen del Rosario y otros predios históricos, fueron ocupados por los evacuados.


Luque dejó de ser un pueblo silencioso para convertirse en el epicentro político del Paraguay hasta el 7 de diciembre de 1868, cuando la capital provisoria fue trasladada a Piribebuy.



REFERENCIAS

Archivo Nacional de Asunción. Bando que declara a Asunción como punto militar y ordena su evacuación inmediata.

Muncipalidad de Luque. Historia.

Periódico digital Luque noticias. (2026). Luque festeja 158 años como Segunda Capital del Paraguay.

Periódico digital Luque al día. (2026). Luque recordó con arte y memoria su histórica designación como capital provisional en 1868.
https://luquealdia.com/locales/luque-recordo-con-arte-y-memoria-su-historica-designacion-como-capital-provisional-en-1868/

jueves, 19 de febrero de 2026

Madrugada

Hoy se sentó a mi lado,
y aunque no era su intención,
fue cediendo al sueño y
se recostó por mí.
Me sentí fuerte,
refugio, importante.
Quien me miraba 
solo me veía reflejarla.
Que alegría
cruzar la ciudad de esa manera,
con ella,
tan única en la madrugada.
Hasta las luces
se veían diferentes,
y el sol no asomaba sobre los edificios,
dormía también en su mirada.

Nunca antes
fue tan feliz
una ventana de colectivo.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Deseos

No lo había pensado en detalle, pero cada año conozco a alguien con quien conecto especialmente. Una de las últimas personas que conocí me dijo, a principios de año, con una alegría sincera: «Vi en tu estado, tu guampa junto a la piscina». Y recordé esa reflexión (de y para los tiempos modernos) sobre cómo en las redes podemos saber cuántas personas «ven» nuestro contenido y compararlo con los «me gusta» que recibe, que suelen ser bastante menos, de donde se estima que: muchos ven nuestra alegría, pero pocos la celebran.

Menciono lo anterior como contexto para cerrar el año, deseándonos:

Un 2026 donde...
...conozcamos personas con las que podamos conectar, por su pensamiento, su sentir y su compromiso.
...puedan ver y compartir nuestras alegrías.
...podamos ver y compartir las alegrías de otras personas.
...podamos ver nuestras propias alegrías, por encima de todo.

Un 2026...
...donde las redes sean sociales.
...donde lo social sea solidario.
...donde el objetivo sea la justicia.

Un 2026...
...donde no nos falta el tereré.
...si es posible una piscina.
...y con quién compartirlo, sobre todo.

Que vengan la vida y la alegría.
Que la vida y la alegría sean vistas y celebradas.

Feliz 2026.


Vuelta a las raíces

Deseo para el 2026 que siempre tengan una foto que les evoque algo, y si es posible, una vuelta a las raíces.


Que siempre sientan.

Lutería en Luque, perfil en instagram: https://www.instagram.com/luteria.luque/


Sursum corda

Sursum corda es un poema de Amalia Bautista, poeta española nacida en 1.962.
"Sursum corda" significa "arriba los corazones", en latín.
Ideal para un 31 de diciembre. 

A veces es muy fuerte la tentación,
las ganas de abandonarlo todo, de dejarse,
que ya no son edades, ya no es tiempo,
que ya está todo hecho, muy mal hecho.
Es fácil la pereza y es difícil
embarcarse de nuevo en la tarea
de rescatar las ilusiones.
Pero tú, corazón, sigue latiendo
mientras te deje el mundo.
Hoy es el día, hoy es el primer día,
y ya nunca seremos más jóvenes que ahora.

domingo, 28 de diciembre de 2025

La migración de los pájaros

El sol apenas asoma entre el bananal cuando Mercedes termina de envolver las pocas pertenencias en una hamaca de algodón, convertida en atado. Sus manos tiemblan, no por el frío del amanecer, sino por la urgencia que le martilla el pecho desde que Evaristo llegó anoche con la noticia: los colorados avanzan hacia el pueblo, haciendo estragos a su paso.

—Mamá, ¿por qué guardás mis juguetes? —pregunta Miguelito, frotándose los ojos con los puños cerrados. Tiene seis años y el cabello revuelto como un nido de aves.

Mercedes mira a Evaristo, quien amasa nerviosamente su sombrero de paja entre las manos. El hombre se arrodilla frente al niño, buscando palabras como quien busca agua en tierra seca.

—Hijo, ¿te acordás cuando jugamos a los exploradores? —dice con voz suave—. Hoy vamos a hacer un viaje largo, como los exploradores de verdad.

El niño asiente, pero su ceño fruncido evidencia que algo no encaja. Afuera, el canto de los pájaros se mezcla con el rumor lejano de voces y cascos de caballos. Mercedes cierra los ojos un instante, recordando cuando esos mismos sonidos significaban el inicio de un día de trabajo, no de huida.

—¿Y mamá también va a jugar? —consulta Miguelito.

Evaristo traga saliva. Sus ojos buscan los de Mercedes, y en esa mirada se condensan tres meses de guerra, de familias divididas, de hermanos que se matan por colores que nunca eligieron.

—Sí, mi amor. Mamá también va.

Mercedes se acerca y pone una mano en el hombro de su esposo. Siente la tensión en sus músculos, más que nada, por la carga de las decisiones que debe tomar para mantener viva a su familia. Él es liberal, como su padre. Ella viene de una familia colorada, pero el amor borró esas fronteras mucho antes de que la guerra las convirtiera en cercos eléctricos.

—Evaristo —susurra—, tenemos que decirle algo. No puede ir por el mundo sin entender.

El hombre se incorpora y camina hacia la ventana. A lo lejos, una columna de humo se alza como una oración negra.

—¿Cómo le explicas a un niño que el país se está devorando a sí mismo? —dice sin voltear—. ¿Cómo le decís que los hombres se matan porque unos creen en una cosa y otros en otra?

Mercedes toma a Miguelito en brazos. El niño huele a sueño y a la leche agria del desayuno que no pudo terminar.

—Miguelito —le dice, acariciándole el cabello—, ¿vos sabés que hay gente que piensa diferente? Como cuando vos querés jugar con las balitas y tu primo Ramón quiere jugar a la pelota.

—Sí —responde el niño—. Pero después siempre jugamos los dos juntos.

—Claro, mi amor. Pero a veces los grandes se olvidan de cómo jugar juntos. Se enojan mucho y se pelean mal, se pelean grande. Y cuando se pelean mal, lastiman a las familias que no se quieren pelear.

Evaristo se da vuelta. Su rostro muestra la fatiga de quien ha perdido la fe en la humanidad, pero no en su familia.

—Nosotros no nos queremos pelear, hijo. Por eso vamos a caminar un poco, hasta que los otros grandes se calmen y aprendan a jugar juntos otra vez.

El niño lo mira con esos ojos enormes que tienen los chicos cuando intuyen que el mundo es más complicado de lo que creían.

—¿Y van a tardar mucho en calmarse?

La pregunta los atraviesa como un machete a los bananos. Mercedes siente que se le quiebra algo adentro. Evaristo aprieta los puños.

—No sabemos, Miguelito. Pero mientras tanto, nosotros vamos a estar juntos. Y vamos a cuidarnos mucho, como se cuidan los pájaros cuando migran.

—¿Los pájaros migran cuando se pelean?

—No, mi amor —responde Mercedes—. Los pájaros migran cuando buscan un lugar mejor. Y nosotros también vamos a buscar un lugar mejor, donde puedas correr y jugar tranquilo.

Evaristo se acerca y abraza a su mujer y a su hijo. En ese abrazo caben todas las noches de insomnio, todos los rumores de muerte, todos los miedos que han callado para no asustar al niño. También caben la esperanza y la certeza de que, pase lo que pase, no van a dejar que la guerra les robe lo único que importa: su familia.

—¿Vamos a volver algún día? —pregunta Miguelito.

Mercedes mira la ventana de la casa donde nació, donde se casó, donde vio dar sus primeros pasos a su hijo. Las paredes de adobe conocen sus secretos, sus risas, sus lágrimas. Pero también conocen el miedo, ese un huésped incómodo que a veces se queda demasiado tiempo.

—Sí, mi amor. Cuando los grandes aprendan a llevarse bien, vamos a volver.

Evaristo carga el atado sobre la espalda y abre la puerta. El aire de la mañana es fresco y entra como un soplo de futuro incierto. Miguelito se aferra a la mano de su mamá, pero no llora. Hay algo en la resolución de sus padres que le da una paz extraña, como entendiendo que los adultos, por primera vez le están diciendo toda la verdad.

Salen de la casa y caminan sin mirar atrás. El sendero que cruza el monte los espera, y más allá el río y la frontera. Miguelito comienza a silbar una guarania que le enseñó su abuelo, y el sonido se mezcla con el canto de los pájaros que también buscan, en su eterno vuelo, un lugar donde anidar en paz.

La guerra puede quemar las casas, las tierras, incluso golpear los sueños. Pero no puede llevar el amor que une a una familia, ni la esperanza que florece en el corazón de un niño que todavía cree que los adultos, como lo hacen él y su primo, aprenderán a jugar juntos algún día.

Fin.