viernes, 17 de julio de 2026

Decisión

Kamba kua era una deuda,
asistir a la celebración en que
recuerdan allí a su santo patrono,
y bailar quizás,
no resistir al candombe,
anochecer al ritmo del pitiki pitiki.

Kamasutra era una deuda,
abrir sin culpa el libro del placer,
reconocer en él mi parte humana
y entender que 
no podemos limitarnos al tacto,
amar es un compromiso ético.

Y así...
varias deudas...
varias excusas...
varias postergaciones
hasta que llegó ella,
y no solo me escuchó,
sino que me cuestionó: ¿Y por qué no haces?

No había respuesta posible que enfrentara 
el verde infinito de su mirada y la
lógica más sencilla y contundente de todas:
si de verdad queremos algo,
demos paso tras paso en el 
camino que nos acerque a aquello.

Los lugares por ir dejaron de ser pendientes,
las lecturas sin culpa,
el tacto y el compromiso ético y constante,
también...

Ella es y representa tanto.
El mundo le queda corto.
Cuento con que conquiste todos los que descubra.

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